
Cuesta creer que el tiempo sea una dimensión más, y que pueda estirarse o encogerse, como el chicle, dependiendo de la velocidad a la que viajemos.
Pero doy fe de que así es. Las personas que viven los acontecimientos diarios más intensamente de lo habitual perciben el tiempo "estirado".
Para ellos dos días pueden ser como dos meses, y "hace una semana" se convierte en "hace medio año".
El tiempo les corre más deprisa, el ayer se aleja más rápido, y, paradójicamente, viven más tiempo en menos; en dos días han sentido vivir como dos meses.
Por eso, cuando tienen cuarenta y dos años, les parece rondar los sesenta y cinco; y comenzando a notar el cansancio, intuyen que pronto desearán alzar los brazos abiertos y que llegue el momento en que uno se funde de nuevo con el universo, ese del que al nacer parece que nos separamos un poco, cuando nos configuramos como un “aparte” lleno de límites, como una célula rodeada de su membrana flotando en mitad del caldo, como una bolsita de agua caliente en medio del mar.
Joder qué descubrimiento ¡la edad relativa! Si con 42 se tienen 65 con unos meses más se alcanzan los 67 y... ¡a jubilarse!
ResponderEliminarBueno, mira, pues no hay mal que por bien no venga. Haremos la propuesta al gobierno...., a mí me deben de quedar sólo días, ja,jaa,jaaa...
ResponderEliminarYo siento que se me han hecho larguísimos los últimos cincuenta años, así que puede decirse que he vivido muy poco.
ResponderEliminarUn saludo.
¡Hombre Fernando!. Bienvenido a ésta tu casa. Ya veo que la memoria te dura más que hasta el próximo árbol, je, je...
ResponderEliminarBueno, tampoco está mal que se te hagan larguísimos, el caso es que a tí también se te estira el tiempo, por lo que te leo.
Lo importante es la calidad de ese tiempo.
Un beso.