
Había una vez un pueblo lejano, muy lejano, donde todos vivían felices, muy felices.
Todos podían ver futbol a diario, escuchar las aventuras amorosas de los famosos, hablar de moda y comprar perfumes en Navidad. La libertad viajaba dentro de los Audis y la solidaridad y la conciencia molestaban lo menos posible.
Un día los reyes y ministros de aquel feliz pueblo, después de dejar las arcas limpias con la construcción de tantos castillos, banquetes y bailes, decidieron sacar un poco más de jugo a sus habitantes y les obligaron a trabajar más años para cobrar una miseria de viejos; dejaron sin trabajo a unos; les bajaron el sueldo a otros; les subieron la luz; los impuestos; suspendieron los subsidios; amordazaron la libertad de expresión digital; sacaron al ejército a resolver problemas....
Y fue entonces cuando.... no pasó nada de nada. El pueblo celebró el aumento de la emisión de partidos de futbol por la tele y criticó el vestido de novia de la nueva princesa.
Y colorín colorado este cuento no se ha acabado. FIN.
Pues si coló hace 2000 años el cuento de la paloma esa ¿como no va a colar cualquier rollo que nos metan?
ResponderEliminarJa,jaa, jaaaa.... No desaprovechas la oportunidad de meterte con el clero y el cuenterete de Navidad ¿eh?.
ResponderEliminarLa verdad es que se rie una por no llorar. Un abrazo.
Un cuento que currito conoció y practicó durante 40 años, aquello sabemos que fue una dictadura y ¿esto que es?, ¿la confirmación de que la democracia es la dictadura de la mayoría?,todo sin acritud y sin mezclar religión con economía y libertad, soy todo/a un/a heroe/oina
ResponderEliminarBueno vampi, la diferencia se supone que está en que podríamos protestar sin que nos fusilaran, pero no estamos por la labor de mover un dedo. También te digo que si la mayoría sacara mucho los pies del tiesto volverían esos tiempos, ya que no nos iban a dejar cambiar nada que fuera sustancial tan fácilmente. Un abrazo.
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