Cabecera

Cuando todo el mundo está loco ser cuerdo es una locura

Paúl Samuelson



En esta casa se celebran los “No cumpleaños”; se vuela sin alas; se deja todo el poder en manos de la imaginación; se permite pasear desnudos a los corazones; el sentido común se aparca en el garaje; se cree posible un mundo diferente y se maldice a todos los dioses, estados y patrones.

Entra sin miedo…. estás en tu manicomio…. quiero decir… en tu casa. Lo peor que te puede pasar es que salgas menos chiflado de lo que entraste….

viernes, 29 de octubre de 2010

LA DUCHA -DOS-

Ducha

Al que más le costaba relajarse y disfrutar de aquellos momentos de vuelta a la vida era al cerebro.
Todos sabían que el jefe nunca estaba para bromas. Siempre se quejaba de lo difícil que era coordinarlos a todos y cada uno de ellos para que hicieran sus quehaceres diarios a tiempo y sin meter la pata. Según sus palabras eran todos unos libertinos ingobernables; unos inmaduros soñadores, desobedientes e ineptos; y más a aquellas perezosas horas.
–Me cuesta sangre, sudor y lágrimas, que obedezcáis mis órdenes a tiempo y bien -solía repetirles-. Aunque todos sabían que lo de la hora era una excusa, porque, en realidad, siempre estaba de mal humor. Ellos se esforzaban en obedecerle, pero no era fácil estar concentrados durante tanto tiempo; y además también les gustaba divertirse de vez en cuando, o pelearse si era necesario.

No entendían por qué el coordinador que les había tocado en suerte estaba tan acartonado. Los oídos habían escuchado muchas veces hablar a otras bocas de sus respectivos coordinadores; de color gris, fofos y llenos de arrugas, como todos los cerebros, pero mucho más joviales, imaginativos, permisivos y divertidos que el suyo.
A veces habían soñado con amotinarse, pero no era fácil cuando el encargado de coordinar sus actos era precisamente aquel contra quien pretendían rebelarse. No obstante no perdían la esperanza, algún día conseguirían que aquel muermo de cerebro ordenara bailar a los pies en mitad de un charco.

Mientras tanto el buen humor era imprescindible para seguir sobreviviendo con aquel pedrusco de cemento armado como coordinador general. Así que comenzaron a contar chistes y reírse cuando éste les ordenó que aceleraran el proceso de aseado y salieran pitando a buscar un traje, antes de que estos se atrincheraran detrás de la puerta del viejo armario y atascaran la cerradura, para intentar no salir de casa tan temprano.

Llegaron tarde. Los trajes sujetaban con fuerza, desde dentro, la puerta del armario, para que ésta no pudiera abrirse.
- No pensamos salir a estas horas al frío de la calle para taparos ni locos-, voceaban detrás de la puerta. –Meteos otra vez en la cama y que os tape la manta, que todavía estamos en su turno de trabajo.

-A mí no me metáis en vuestros asuntos, -acertó a contestar la manta desde lejos toda ofendida-. Yo ofrezco mis servicios a todas horas, no tengo la culpa si no se usan. Lo que pasa es que vosotros sois unos vagos y perezosos que no queréis salir a la calle para realizar vuestro trabajo, proteger a los demás del frío sea la hora que sea. Que para eso tenéis el mejor horario. Descansais por la noche y los fines de semana; os cuidan y guardan con esmero, y os jubiláis todavía jóvenes. Así que ¡a aguantarse toca majos!.
- ¿Y tú hablas de pereza?, -contestó un pantalón-. Tú, que te pasas todo el día y toda la noche ahí tumbadorra. No me hagas reir.

El cerebro estaba ya como una cafetera y el día no había hecho más que comenzar. Aquello era una guerra constante. Volverían a llegar tarde al trabajo..................CONTINUARÁ.

                                                                                           Sandra
                                                                                                                                                                                                                    

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