Habían visto que los "buruzagi" vivían en grandes torres de piedra, mientras que el resto de los baskos lo hacía en casas de madera.
Habían visto que cada "buruzagi" era dueño de tierras, muchas tierras, demasiadas tierras para un hombre solo, mientras que la mayoría de los otros baskos ni siquiera poseía la tierra que cultivaba. Y habían visto cómo los "buruzagi" se sentaban bajo un pequeño árbol a tomar, solos, decisiones que concernían a toda la tribu.
Pero Txiki Baskardo y su padre estaban tan asombrados que no acertaban a encontrarle malicia a todo ello.
-Ser basko es lo más importante que un hombre puede ser en el mundo -seguían diciendo los "buruzagi", apoderándose de los mejores bocados del banquete.
-Ser basko es lo más importante que un hombre puede ser en el mundo-coreaban los baskos pobres, disputándose los bocados que dejaban los "buruzagi".
Del libro: "Andanzas de Txiki Baskardo". Autor: Ramiro Pinilla.
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