Cabecera
|
viernes, 11 de febrero de 2011
EL SALVAVIDAS.
Los hijos no son nuestros frutos,
son las raíces.
Lo que nos amarra a la vida
y nos sostiene en pie
tras cada destello de lucidez;
ese que nos hace ver,
con tristeza,
que el fugaz instante en la eternidad
del que estamos hechos,
no es un sendero a través de una frondosa selva,
sino un camino abierto entre la basura.
Lo único por lo que merece la pena respirar
cuando el hedor del mundo que hemos creado
comienza a asfixiarnos.
El único trozo de madera
en mitad del océano.
El único salvavidas
en mitad de la tierra.
Sandra.
(Dedicado a mis dos hijos, Zuhaitz e Ibai).
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

Por fin te das cuenta de que son lo mas importante en tu vida. Espero que no lo olvides nunca y lo tengas presente por encima de cualquier otra persona sea quien sea.
ResponderEliminarTito
Bueno, Tito, son lo que me sostiene, que no es lo mismo. Lo único que considero que me sujeta a este mundo cuando percibo que el mismo no vale gran cosa; (y tal vez, cuando considere que ya no necesitan de mi, ni eso).
ResponderEliminarHay muchas cosas y personas importantes en la vida de alguien, y no tienen por qué ser incompatibles. Un beso.
Hacia tiempo que no estaba de acuerdo contigo, Sandra, pero debe ser como dices, es decir no debemos escudarnos en los hijos/as para abrir otras puertas de felicidad. No cabe duda que son una fuente de felicidad importante de nuestra efímera existencia pero por aquello de ser efímera no debemos permitirnos el lujo de dejar pasar otras.
ResponderEliminarPues me alegro, Vampi, de que esta vez coincidas conmigo. Los hijos son muy importantes, es verdad, pero no son incompatibles con otras cosas importantes, siempre y cuando ellos estén cuidados y atendidos, y se sientan queridos. Un abrazo.
ResponderEliminar